Reseña: La sociedad después del dinero (G.Sandleben)

Nuestra asociación ha escrito una reseña colectiva sobre el libro de Guenther Sandleben sobre el cálculo del tiempo de trabajo. Nota: Este texto fue traducido con IA por motivos de tiempo.

Reseña: Günther Sandleben: La sociedad después del dinero. El cálculo del tiempo de trabajo como alternativa

El libro recientemente publicado por Günther Sandleben en la editorial Papyrossa es una contribución importante a los debates actuales sobre formas poscapitalistas de economía, en los que se replantean la economía de mercado y la forma monetaria asociada como unidad de cálculo económico. Junto a los llamados enfoques “cibersocialistas”, como los de Cockshott y Cottrell, que pretenden simular movimientos de mercado —y, con ello, precios— mediante la recopilación de enormes cantidades de datos, en estos debates aparece una y otra vez también la idea del cálculo en tiempo de trabajo. Quien desee obtener una visión informada del estado de estos debates y conocer además las raíces históricas del cálculo de tiempo de trabajo en el socialismo temprano de la escuela ricardiana de izquierda, así como su influencia en el “socialismo científico” de Marx y Engels, hará bien en recurrir al libro de Sandleben. Él resume los distintos enfoques con una concisión aguda, sin perderse en ellos.

El objetivo principal de Sandleben consiste en exponer la posibilidad de un cálculo económico global basado en el tiempo de trabajo, que funcione completamente sin dinero ni simulaciones algorítmicas de mercado o de necesidades. La unidad básica de cálculo de este modo de producción poscapitalista sería la hora de trabajo promedio, en el sentido de que en cada rama industrial deberían determinarse tiempos de trabajo medios para los distintos productos, los cuales servirían como base para la transferencia de bienes en la producción y el consumo a escala social. El autor no solo se inspira en las reflexiones de Marx y Engels sobre una sociedad socialista, sino también de manera significativa en el texto Principios fundamentales de la producción y distribución comunista. Este fue redactado en 1930 por un colectivo de autores consejistas (el Grupo de Comunistas Internacionales, en adelante GIK), que buscaba distanciarse tanto de las ideas socialdemócratas de socialización como del socialismo estatal bolchevique. El objetivo del GIK era un sistema de cálculo en tiempo de trabajo basado en la propiedad colectiva de los medios de producción. En consonancia con esta idea, Sandleben también se distancia en su libro de los socialismos realmente existentes, que no lograron superar ni el dinero como unidad de cálculo ni la forma de trabajo asalariado enajenado. No obstante, reconoce el valor de las reflexiones tempranas de los bolcheviques, en la primera fase de la Revolución de Octubre, sobre una planificación económica social sin dinero.

Según el propio autor, su objetivo ahora es determinar con mayor precisión la realización concreta de esta idea del cálculo en tiempo de trabajo, ya que el GIK no abordó en su texto ciertos problemas decisivos: “¿Cómo deben distribuirse los tiempos de trabajo contenidos en las instalaciones productivas entre los distintos bienes económicos que han requerido el uso de tales instalaciones? ¿Y cómo se asigna el tiempo de trabajo de los productores que operaron dichas instalaciones? (p. 48)”. Según Sandleben, especialmente la contabilidad de costos empresarial existente podría proporcionar una clave para calcular el tiempo requerido para los distintos elementos y bienes, algo que, en su opinión, el GIK habría “ignorado” (ibid.). Aquí puede plantearse la objeción de que la contabilidad de costos burguesa y su relación con el tiempo de trabajo sí reciben mención en el texto del GIK. Sin embargo, hay que concederle al autor que la exposición de esta relación en el escrito del GIK no está realmente desarrollada, razón por la cual su libro puede considerarse, en este sentido, como una excelente precisión de este aspecto.

La elucidación de esta relación entre la contabilidad moderna de costos empresariales y el cálculo del tiempo de trabajo constituye también el tema decisivo del libro de Sandleben. El capítulo correspondiente comienza con una certera refutación del célebre argumento de Ludwig Mises, según el cual sin dinero sería imposible llevar a cabo un intercambio de bienes a escala social. El autor demuestra de forma convincente que el tiempo de trabajo es perfectamente capaz de sustituir al dinero como unidad de cálculo. Fiel a la teoría del valor-trabajo de Marx —según la cual en el precio de las mercancías se expresa de todos modos el tiempo de trabajo socialmente necesario promedio—, Sandleben muestra de manera clara y comprensible, basándose en los métodos de la contabilidad de costos empresarial, que esta no es sino una forma velada de cálculo en tiempo de trabajo. Sin embargo, al tratarse de una contabilidad de costos, es decir, una contabilidad que opera con valores, siempre debe incluir también elementos improductivos estatales (impuestos) y los intereses de los propietarios (renta del suelo, interés, salario empresarial), es decir, la apropiación y distribución del plusvalor extraído. Aquí el economista Günther Sandleben no solo ofrece una visión esclarecedora de los procedimientos modernos de cálculo empresarial —que, de paso, pone en relación con los hallazgos de Karl Marx en El Capital—, sino que además logra extraer el núcleo racional de esta contabilidad de costos precisamente con vistas a un cálculo del tiempo de trabajo a nivel de empresa: “Los métodos conocidos de la contabilidad de costos para el registro y la asignación de costos podrían (…) transferirse a las cadenas de producción basadas en el tiempo de trabajo; solo que ahora, en lugar de magnitudes de costos, entrarían unidades de tiempo de trabajo. Se convertirían en métodos de registro, cálculo y asignación de unidades de tiempo de trabajo, modificados y ampliados por las nuevas condiciones de la producción comunitaria (p. 119)”. En este sentido, su libro constituye una importante contribución, fundamentada teóricamente en la economía, a la idea del cálculo en tiempo de trabajo, que evita, por un lado, un apego meramente abstracto-utópico a esta idea y, por otro, no cae en la tentación de reintroducir elementos de mercado —propios únicamente de las relaciones capitalistas de propiedad— por falta de alternativas dentro de tal utopía.

En lo que respecta a la cuestión de cómo vincular la planificación empresarial con la planificación económica global, el autor permanece en gran medida indeciso. Sugiere una interacción entre una planificación centralizada “de arriba hacia abajo” y una planificación descentralizada “de abajo hacia arriba”, la cual dependería “de circunstancias institucionales, así como de hechos económicos, sociales y ecológicos” (p. 127). Precisamente aquí situaríamos nuestra crítica. Pues, en nuestra opinión, una planificación económica global centralizada remite siempre a una autoridad burocrática de planificación y, en última instancia, a un poder estatal. Aunque Sandleben rechaza el modelo bolchevique, no ve realmente alternativas en lo que respecta a las instancias de planificación. En este sentido, el “procedimiento de adición” (p. 48) del GIK —al que el autor no vuelve a referirse— ya estaba un paso más adelante. En dicho procedimiento, la competencia de planificación recae exclusivamente en las empresas individuales, que en coordinación con una “Contabilidad Pública” y en comunicación directa con otras empresas (empresas productoras de maquinaria y bienes intermedios, así como cooperativas de consumo encargadas de la distribución de bienes de consumo) organizan un flujo de bienes que prescinde de dirección central o intervención estatal. La ventaja de una economía planificada descentralizada de este tipo sería también que puede considerar necesidades y productos de nicho, y que puede reaccionar de manera descentralizada e individual ante condiciones cambiantes de producción en cada empresa, siempre partiendo de empresas autogestionadas que de este modo mantienen su iniciativa.

Las condiciones políticas decisivas para un modo de producción socialista de este tipo apenas son tratadas por Günther Sandleben. Pero incluso en el texto del GIK estas cuestiones pasan más bien a un segundo plano en favor de la exposición del nuevo método de cálculo económico. Esto puede observarse, por ejemplo, en todo el complejo problemático relativo al trabajo simple y al trabajo complejo. En este sentido, Sandleben no es lo suficientemente claro. Si bien afirma que existen “buenos motivos” para “no tener en cuenta en absoluto el grado de complejidad del trabajo a la hora de registrar los tiempos de trabajo” (p. 73), a continuación aborda —tomando como ejemplo los círculos de trueque— diversas posibilidades técnicas de aplicación basadas en el cálculo del tiempo de trabajo (por ejemplo, que una hora de trabajo se remunere como dos horas), sin adoptar una posición propia clara.

Sostenemos aquí la posición consecuente de que cada hora debe contar por igual, y esto no solo porque el trabajo de un albañil suele ser físicamente mucho más exigente que, por ejemplo, el de un maestro; ni solo porque el argumento de haber invertido más dinero y tiempo en la propia cualificación deja de tener validez, dado que en la sociedad que tenemos en mente todo tipo de formación sería proporcionada por la comunidad; sino sobre todo porque partimos de la idea de que a la nueva economía deben acompañar nuevas formas igualitarias de relación. Solo bajo el principio de que cada hora cuenta por igual se elimina también la posibilidad de inscribir las diferencias entre trabajo intelectual y físico, las diferencias de género o las diferencias étnicas en jerarquías de poder mediante retribuciones desiguales. Solo a través de un cálculo del tiempo de trabajo decididamente igualitario tales diferencias perderían su carácter político. En este sentido, consideramos la creación de nuevas formas de relación entre las personas como el fin de una nueva sociedad socialista, y la economía socialista del cálculo del tiempo de trabajo únicamente como el medio para lograrlo. Sin embargo, este fin debe estar ya presente en todas las relaciones laborales. La propiedad común de los medios de producción debe ser practicada realmente en la nueva sociedad y no malinterpretada como un mero cambio jurídico. Consideramos un cálculo del tiempo de trabajo decididamente democrático e igualitario como condición y, al mismo tiempo, consecuencia de la propiedad común. Creemos que Günther Sandleben comparte en última instancia esta posición con nosotros, pero su tratamiento más bien técnico de los métodos de la contabilidad de costos y del cálculo del tiempo de trabajo podría dar la impresión de que se trata principalmente de problemas técnicos. Así, en la p. 85 de su libro afirma: “Veremos que la tarea solo puede consistir en trasladar las prácticas de la contabilidad de costos al cálculo del tiempo de trabajo”. Pero, como él mismo ha demostrado, en la contabilidad de costos burguesa siempre están contenidas la dominación empresarial y la explotación, y aun así en el capitalismo la racionalidad económica empresarial se entiende a menudo como una racionalidad que solo lidiara con condiciones puramente técnicas. Recordemos que la economía siempre es también política. En este sentido debe leerse también el libro Sociedad después del dinero. El cálculo del tiempo de trabajo como alternativa, que, a pesar de todas las críticas, consideramos una contribución importante a los debates actuales y futuros sobre el desarrollo de un nuevo orden social.

Guenther Sandleben: Gesellschaft nach dem Geld. Arbeitszeitrechnung als Alternative. Editorial PapyRossa, marzo de 2022, 159 páginas.