Nota: Este texto fue traducido con IA por motivos de tiempo.
Esta es una reseña que se publicó originalmente a mediados de 2021 en la revista “Das Große Thier”. La volvemos a publicar aquí con ligeras modificaciones.
Algunas observaciones sobre “La mano invisible del plan
Aparentemente, está surgiendo un pequeño debate sobre la economía planificada y las alternativas fundamentales a la economía de mercado. Por ello, a continuación se presenta un comentario sobre el volumen colectivo “La mano invisible del plan”, publicado en 2021 por la editorial Dietz.
En este volumen, los autores analizan los procesos de planificación en el capitalismo digital, prestando especial atención a las nuevas posibilidades técnicas y digitales. La observación de que empresas como Ikea, Walmart o Amazon, por un lado, se han convertido en infraestructuras críticas debido a su enorme tamaño y, por otro, han desarrollado los procesos de planificación mediante el aprendizaje automático hasta un punto en que pueden anticipar con precisión la demanda de los clientes, pone en marcha la imaginación socialista. Mientras tanto, el modelo chino parece haber logrado combinar las ventajas de la planificación central con la flexibilidad del capitalismo. Por ello, el texto de la contraportada plantea la pregunta: «¿No podrían aprovecharse estas nuevas tecnologías para un futuro más allá del capitalismo? Y, si es así, ¿cómo?»
«Las máquinas cibernéticas del capital y su supuesto potencial para resolver problemas», escriben los editores Timo Daum y Sabine Nuss, «ofrecen, por tanto, motivos para retomar viejas preguntas y, a la luz de los desarrollos actuales, relanzar el ‘debate socialista sobre la planificación’.»
El volumen contiene, en efecto, varios análisis y críticas interesantes del capitalismo y del socialismo realmente existentes en materia de planificación, en particular del modelo chino híbrido. Timo Daum, por mencionar solo un ejemplo, escribe sobre “la nueva planificación” en China, señalando que esta “no es en absoluto un regreso al viejo plan ni a la economía planificada dirigista, sino un régimen cibernético y basado en datos en tiempo real. En comparación con las economías planificadas de la Unión Soviética o de Chile en la época de Cybersyn, estas empresas de plataformas juegan en otra liga en lo que respecta a la cantidad de datos y al nivel de detalle de la planificación. También en el eje temporal hay mundos de diferencia entre el ritmo quinquenal de la Unión Soviética, las cifras trimestrales de la economía tradicional e incluso los datos operativos diarios de Cybersyn: hoy, los datos relevantes para la planificación se actualizan en intervalos de milisegundos y se incorporan en tiempo real a la elaboración de un nuevo plan.”
El volumen también incluye artículos sobre el cibernetista Georg Klaus, la economía planificada ecológica, Amazon, las cooperativas de datos, los bienes comunes, etcétera.
Para ser un poco descortés y entrar directamente en materia: lamentablemente se nota que, en las aproximadamente 260 páginas, hay un aspecto que debería desempeñar un papel importante —quizá incluso central— en la cuestión de la economía planificada, pero que prácticamente no aparece. Me refiero al cálculo del tiempo de trabajo, que no figura en ninguna de las tres secciones del libro: ni en «Teoría e historia», ni en «Planificación en el capitalismo digital», ni en «Planificación más allá del capitalismo digital».
La cuestión fundamental de si el dinero, las mercancías y el capital pueden ser sustituidos por un mecanismo de planificación central basado en balances de bienes materiales (medidos en kilogramos, litros, metros, etc.), o si, por el contrario, una economía planificada socialista debería disponer de una unidad de cuenta que permita comparar diferentes productos mediante una medida común (el tiempo de trabajo), no se aborda en este libro. En general, prevalece la advertencia contra el afán de pintar sociedades futuras detalladas sobre la exploración de una utopía concreta (!).
El lamentable punto ciego del volumen colectivo se hace evidente ya en las secciones históricas, donde aparecen repetidas y dispersas referencias al debate histórico sobre la planificación, conocido como el “debate sobre el cálculo socialista”. Este debate fue llevado a cabo a partir de la década de 1920, entre otros, por Ludwig von Mises y Friedrich Hayek, en oposición a los defensores de la planificación socialista.
Por ejemplo, las posiciones del Grupo de Comunistas Internacionales (GCI) no se mencionan aquí, a pesar de que también intervinieron en este “debate sobre el cálculo socialista”. En una firme oposición tanto a las concepciones económicas bolcheviques como a las socialdemócratas, y basándose estrechamente en Marx, elaboraron una alternativa. Su alternativa consistía, por mencionar solo algunas ideas clave, en una planificación comunista descentralizada basada en la autonomía de las empresas, congresos democráticos de consejos y el cálculo del tiempo de trabajo. Más aún que otros comunistas de consejos, pusieron un fuerte énfasis en la asociación de productores libres e iguales.
Esta tercera forma de reflexionar sobre la planificación —más allá del capitalismo y del socialismo de Estado— fue recordada recién en 2020 gracias a la reedición de un clásico consejista olvidado, pero (1) evidentemente no llegó a los autores del volumen.
En el capítulo del volumen colectivo dedicado a Marx, el tema del cálculo del tiempo de trabajo se trata de manera bastante descuidada. Se menciona que Marx sostenía que en una sociedad socialista de transición hacia el comunismo “habría que comparar cantidades de trabajo igual que en la economía capitalista”, pero esta idea no se desarrolla ni en ese ensayo ni en los demás. Parece como si la reserva mostrada por Marx siguiera sirviendo, dos siglos después, como argumento para no reflexionar demasiado a fondo sobre una alternativa.
La ausencia de una utopía concreta también se hace evidente en la última y más extensa parte del libro, dedicada a la “planificación más allá del capitalismo digital”. Excepto por la contribución de Jan Groos y, en menor medida, la de Jens Schröter, apenas hay intentos de esbozar siquiera una concepción aproximada de una economía planificada moderna o de un cálculo económico socialista.
Groos señala con toda razón: “Es simplemente demasiado pedir guardar silencio sobre [la organización económica en el socialismo] y, al mismo tiempo, esperar que amplias masas de personas abandonen de buena gana y con alegría las condiciones capitalistas existentes.” En cambio, enfatiza la pregunta que va más allá de la crítica al capitalismo: “¿Entonces, cómo lo hacemos?”. Para responder a esta pregunta, se basa esencialmente en la idea desarrollada por Daniel E. Saros de una economía planificada socialista que traduce la demanda de productos en producción de valores de uso mediante un sistema de clasificación basado en internet.
El hecho de que este modelo —y no el modelo de cálculo del tiempo de trabajo del GCI— sea el ejemplo positivo más destacado, e incluso el único, del libro resulta algo lamentable por al menos tres razones. En primer lugar, porque Daniel E. Saros declaró públicamente en septiembre de 2020 su giro hacia el liberalismo económico y su alejamiento de la investigación económica radical, eliminando de inmediato de su página web los materiales relacionados con su modelo. En segundo lugar, porque da la impresión de que muchos autores del volumen toman de manera algo esquemática referencias de Evgeny Morozov, quien en un ensayo de 2019 situó precisamente en el centro del debate la “socialist calculation debate” y a Daniel E. Saros. Y en tercer lugar, porque Saros buscó respuestas a preguntas muy similares a las que se planteó el GCI, pero sus respuestas resultaron ser (al parecer incluso para él mismo) menos convincentes.
Cabe señalar además que la omisión del cálculo del tiempo de trabajo resulta aún más sorprendente, dado que este desempeñó un papel central en clásicos más recientes del llamado “cibersocialismo”. Es el caso de autores como Cockshott y Cottrell (Towards a New Socialism) o Heinz Dieterich (El socialismo del siglo XXI).
No es este el lugar para entrar en las grandes diferencias entre el modelo consejista del GCI y los diversos modelos cibersocialistas. Basta con señalar que los modelos cibersocialistas tienden a imaginar un Estado central (democrático), potencialmente de enorme influencia, que calcula los valores del tiempo de trabajo y realiza la asignación de productos y trabajo. En cambio, en el modelo del GCI, las organizaciones productivas individuales o asociadas son los actores económicos (descentralizados) que toman decisiones en gran medida autónomas y elaboran planes de producción. Corresponde fundamentalmente a los propios productores decidir si, y en qué medida, desean asociarse con otras empresas y si quieren aportar a los presupuestos de empresas públicas comunitarias. La iniciativa y la responsabilidad recaen principalmente en los centros de trabajo, que también participan directamente en la realización del cálculo del tiempo de trabajo. Por cierto, esta idea de planes de producción descentralizados, coordinados sobre la base común del cálculo del tiempo de trabajo, distingue el modelo del GCI también de otros modelos consejistas que imaginan un “plan maestro” centralmente impuesto como el núcleo de la economía.
Al final del libro se subrayan las (en su mayoría bien fundadas) preocupaciones respecto a los diversos ciber-socialismos. Los puntos de crítica incluyen, por ejemplo: problemas de control del poder central, solucionismo tecnológico, tecno- y ciberfetichismo, y un “mundo administrado 2.0”.
En este volumen colectivo se refleja la experiencia social actual de que, cuando no se vislumbran utopías concretas, al final solo queda la crítica negativa: un capitalismo “verde” o de alguna otra forma reformado. (2) Esta reseña puede leerse como una invitación a examinar más de cerca el modelo del GCI. Parece tratarse de un modelo injustamente olvidado de organización económica comunista descentralizada y democrática; en cualquier caso, hasta ahora no se ha escuchado ninguna crítica verdaderamente convincente al respecto.
Daum, Timo / Nuss, Sabine: Die unsichtbare Hand des Plans. Koordination und Kalkül im digitalen Kapitalismus, Dietz Verlag Berlin, 2021, 268 páginas.
Grupo de Comunistas Internacionales (Holanda): Principios fundamentales de la producción y la distribución comunista (Grundprinzipien kommunistischer Produktion und Verteilung), Red & Black Books, Hamburgo, 2020, 332 páginas.
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1 Se trata de los Principios fundamentales de la producción y la distribución comunista (Grundprinzipien kommunistischer Produktion und Verteilung), publicados por primera vez en alemán en 2020 por el grupo consejo-comunista Grupo de Comunistas Internacionales Holanda (GCI), en su segunda edición de 1935. La primera edición, originalmente en alemán de 1930, ya había sido reeditada en la década de 1970 con un prólogo de Paul Mattick.
2 El editor Timo Daum fue preguntado en un podcast por Jan Groos sobre posibles alternativas al capitalismo, pero solo pudo responder con un silencio elocuente. En otra parte de la entrevista, explicó que apoya al capitalismo verde.

